martes, agosto 14, 2018

Nos adentramos en la selva amazónica peruana en Tambopata

Un nuevo día por Perú y segundo en la selva amazónica, en Tambopata. Fue nuestro primer día completo por este maravilloso lugar. Teníamos por delante varias excursiones para adentrarnos en la selva peruana y conocer más de la fauna y flora. Vimos una gran cantidad de animales como monos, papagayos, tarántulas, boas… Todo en plena naturaleza, con sonidos propios de la selva y atravesando lugares algo complicados. 

Alojamiento en Eco Amazonia Lodge
Eco Amazonia Lodge, nuestro alojamiento en la selva de Perú

Conociendo la selva amazónica peruana en Tambopata


Fue el primer día que amanecimos en plena selva, en la Reserva Nacional de Tambopata. La verdad que es indescriptible el sonido durante la noche, algo que ya pudimos comprobar el día anterior cuando realizamos un paseo en barca por el río completamente de noche. Dormimos en una cabaña en la que había grandes ventanas con mallas antimosquitos, pero por donde entraba todo el sonido y luz al amanecer.

Una experiencia sin duda única el dormir en la selva peruana. Uno de los aspectos más positivos de nuestra ruta de 15 días por Perú.

Para ese día teníamos programada ya una excursión por la mañana temprano. Aquí no hay electricidad, salvo algunas horas. Mucho menos conexión a Internet. Es por ello que los propios guías van despertando a la gente a sus cabañas por la mañana. Nosotros ya estábamos despiertos y listos para salir, aunque primero había que desayunar.

Todo lo teníamos incluido en Eco Amazonia Lodge y el desayuno era buffet libre. Bastante completo, con frutas que cultivaban allí mismo en la selva. Nada mejor que comer productos locales y tan naturales. A las 07:30h iniciamos la primera excursión del día que duró hasta las 12.

Para esa mañana teníamos como destino el lago Apu Víctor. La ida la hicimos por un camino más largo y la vuelta por otro más corto hacia el alojamiento. Por el camino, una aventura preciosa. 

Ruta hasta el lago Apu Víctor


Nuevamente fuimos con nuestro guía David, que nos explicaba todo a la perfección. Una persona muy entusiasta con su trabajo y que nos enseñó mucho de la selva. Vimos lianas, insectos de muchos tipos, sapos, termitas… Incluso, los más atrevidos, pudieron comer termitas de un nido. 

Lianas en la selva amazónica peruana
Lianas en la selva amazónica peruana

Después de casi dos horas andando por mitad de la selva, llegamos a un punto algo complicado. Los días anteriores a nuestra llegada había llovido muchísimo. Además, era temporada de lluvias e incluso pudimos ver algún árbol arrancado por la fuerza de la naturaleza. Nos topamos con una zona totalmente inundada. Pero claro, para todo hay alternativa.

Nuestro guía nos invitó a cruzar una zona donde además dijo que podía haber pirañas, a través de un tronco de un árbol que hacía de puente. Eso sí, nos dio unos palos que hacían de bastón. Hubiera sido complicado mantener el equilibrio. 

Tronco para cruzar el agua de la selva
Tronco por el que tuvimos que cruzar el agua en la selva

Pero aquí no quedó la cosa. Un poco más adelante llegamos a una zona aún más inundada. No había manera de pasar con troncos y tocaba cruzar a pie. Por suerte el límite del agua llevaba justo al máximo de las botas. Algunos tenían botas más cortas y tuvimos que intercambiarlas. Al final, por suerte, pudimos pasar y continuar la ruta. Una de estas anécdotas que se pueden vivir en la selva amazónica peruana. 

Zona de agua en la selva peruana
Zona inundada de agua en la selva peruana

Y llegamos al lago Apu Víctor. Aquí nos montamos en una barca y dimos una vuelta por él. El objetivo era ver anacondas, aunque era muy complicado. No es lo normal en esta zona de Tambopata. No tuvimos suerte y no la vimos. Lo que sí vimos fue una boa enrollada en el techo del mirador donde pudimos subir para ver la selva desde las alturas. 

Boa enrollada en la selva de Tambopata
Boa enrollada en el tejado, en la selva peruana

También aprovechamos para comer unos plátanos cogidos directamente del árbol antes de continuar nuestro camino de vuelta. Un poco más adelante nuestro guía nos dio para probar otra fruta silvestre bastante dulce. 

Lago Apu Víctor, en Eco Amazonia
Lago Apu Víctor, en Eco Amazonia

De vuelta pudimos ver una tarántula. El guía simplemente puso un poco de saliva en un palo fino y lo metió en un agujero donde sospechaba que podía estar. A los segundos salió la tarántula. 

Tarántula en la selva amazónica en Tambopata
Tarántula en la selva amazónica peruana, en Tambopata

Anécdota del peligro de la selva


El tema de animales en la selva hay que tomárselo muy en serio. Hay picaduras que incluso pueden matar a una persona. Nuestro guía David nos contó una anécdota que pudo acabar en tragedia. Un compañero de Eco Amazonia, en una excursión justo como la nuestra, se encontró con una pequeña serpiente. La cogió para mostrarla a los turistas pero tuvo la mala suerte de que le mordió, aunque muy poco, en un dedo.

Al principio no le dio importancia. Continuó normal y no le dijo nada a nadie. Al cabo de unos minutos empezó a sentirse mal, mareado, visión borrosa. Pero él no quería dejar a los turistas allí solos. Contó lo que le había pasado y los viajeros rápidamente les dijeron que se fuera corriendo, que ellos ya se las averiguarían para volver.

Y eso hizo, se fue literalmente corriendo de vuelta al lodge. Allí no tenían cómo curarlo y tenía que ir a la ciudad. Casualmente se encontró por el camino con David y, casi sin poder decirle qué le pasaba, solo le dijo que necesitaba ir a Puerto Maldonado rápidamente sin tiempo que perder. En la ciudad ya le extrajeron el veneno y salvó la vida de milagro. Llega a pasar unos minutos más y hubiera muerto. Le ha quedado secuela y la mano no la puede mover bien.

Lo que nos explicó el guía es que es un error de bulto intentar extraer el veneno con la boca. Eso sólo provoca que la otra persona acabé igual o peor. Hay que extraerlo con unos utensilios médicos y, en caso extremo, incluso cortar el dedo.

Cualquier picadura por pequeña que sea, puede ser mortal. Es por ello que en la selva hay que ir con mucha precaución y siempre con alguien que conozca el terreno. Hay que llevar botas altas, pantalón largo, camiseta larga y gorra o algo que cubra la cabeza. No son solamente los mosquitos. De hecho, en esa zona y en la época que fuimos, nos contaron que no había riesgo de malaria.

Poco antes de llegar al lodge de Eco Amazonia, pudimos ver algunos monos en los árboles. Esa tarde íbamos a realizar otra excursión a una isla donde sí podíamos ver muchos monos. El resto de la mañana, antes de la hora de comer, fuimos a la piscina del lodge. 

Selva amazónica en Eco Amazonia Lodge
Selva peruana, en Eco Amazonia Lodge

Isla de los monos, en Eco Amazonia   


Tras 3 horas libres (con la comida por medio), a las 15:00h habíamos quedado para hacer la segunda excursión del día. Fuimos a la isla de los monos. Es una pequeña isla dentro de la concesión turística de Eco Amazonia, donde hay muchos monos. No es casualidad que los haya. El motivo es que la propia empresa los introduce aquí. Según nos contaron, los sacan del mercado negro, de circos y similares y los introducen en su hábitat, donde deben estar.

Aquí lógicamente llegamos en una barca. No hay forma terrestre de llegar y también por eso están a salvo de posibles depredadores. Hay tres tipos de monos. Tuvimos suerte y los vimos todos, aunque por poco. No pudimos ver el perezoso.

La isla de los monos, eso sí, es algo más artificial. Durante la mañana y el día anterior pudimos ver monos salvajes completamente en su hábitat. Aquí, aunque están libres, está todo algo modificado. Cuando llegamos, nuestro guía llevaba plátanos para atraer a los animales. Es su comida del día, básicamente. Por ello están preparados, en los árboles, y bajan para coger su comida. 

Isla de los monos, en Eco Amazonia Lodge
Isla de los monos, en Eco Amazonia

Cada uno de nosotros pudimos darles comida a los monos. Nos dijo nuestro guía que no lleváramos nada a la vista, como comida, botella de agua y otros objetos que pudieran coger.

Continuamos andando por la isla y llegamos a una zona donde supuestamente estaba la especie de monos más grande. Nuestro guía el pobre estaba decepcionado. Quería que los viésemos, pero ese día parecía que no tenían ganas de salir. Tras intentarlo de varias maneras con sonidos, golpes a los troncos, no llegaron. 

Mono en la selva amazónica peruana
Mono en la selva amazónica peruana

Por suerte más adelante, ya de vuelta, paramos en una zona donde cortó varios trozos de plátanos para otro grupo de monos. No esperaba que aquí llegaran esa tercera especie (las otras dos fueron las que vimos desde el principio, que abundan), pero llegaron. Pudimos ver, por tanto, los tres tipos de monos que hay en este lugar. 

Especie de mono grande en Eco Amazonia
La especie de monos más grandes que hay en Eco Amazonia

Por el camino nos encontrábamos con algunos animales exóticos para nosotros, como tortugas gigantes. También vimos pájaros carpinteros, tarántulas…

Sobre todo fue curioso ver a los monos. La manera en la que llegaban por los árboles a por su comida y cómo descendían por las ramas. 

Fútbol y experiencias en la selva peruana


Y así pusimos fin a esta segunda excursión del día. Hicimos buena amistad con nuestro guía David, que nos contó muchas anécdotas durante el día. Nos invitó a jugar con él y sus amigos a fútbol esa tarde a 17:00h, antes de la comida. Cada día a esa hora se reúnen allí algunos trabajadores para echar un partidillo. Fuimos unos privilegiados de poder jugar a fútbol en mitad de la selva, con locales que tenían muchas cosas que enseñarnos. Eso sí, muy duro hacer deporte con la enorme humedad que hace allí. Una de esas experiencias que te ofrece el viajar. 

Campo de fútbol en la selva de Perú
Campo de fútbol donde jugamos en la selva de Perú

Después de una ducha en nuestra cabaña, ya era hora de cenar. Teníamos más o menos hora y media para ir a comer, aunque normalmente todo el mundo va en cuanto comienza. Cada grupo tenemos una mesa, o al menos una parte de la mesa, para nosotros. Es un comedor bastante grande. Durante nuestra estancia no había demasiada gente. Un grupo de escolares, creemos que estadounidenses, algo numerosos, y no mucho más.

Esa noche, nuestra última en la selva, estuvimos echando el rato en la zona común junto al comedor. Aquí había billar, mesa de pin pon, diana… También una zona de bar que lógicamente no estaba incluido en el precio.

Queríamos probar un coco directamente cogido del árbol. Ya era totalmente de noche y salimos del lodge hacia la zona del río. Allí había un trabajador que estaba esperando a coger la barca para realizar alguna actividad nocturna. No puso ningún inconveniente en que cogiéramos varios cocos del árbol. Incluso utilizó su machete para pelarlo y abrirlo para que bebiéramos el líquido de dentro.

Esa noche, en la zona común, estuvimos con nuestro guía David que nos estuvo contando muchas historias y anécdotas de la selva y de su vida. Una persona que conoce muy bien todo este lugar, pese a su corta edad. Quizás esto sea de lo mejor de viajar: conocer las experiencias de los locales, con historias muy diversas y que tienen mucho que enseñar.

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