miércoles, agosto 01, 2018

Machu Picchu: una visita imprescindible a esta maravilla de Perú

Y llegó el día. Llegó Machu Picchu. Sin duda el más esperado de todo el viaje por Perú. Un lugar único, una de las Siete Maravillas del Mundo. Es la razón por la que muchos turistas llegan a este país y bien merece la pena. No son muchas las opciones que hay para ir hasta aquí, pero muchos turistas pasan una noche en Aguascalientes. Eso hicimos nosotros, para levantarnos muy temprano por la mañana y coger el bus para subir a este emblema peruano.

Machu Picchu, una auténtica maravilla en Perú
Machu Picchu, una maravilla que no hay que perderse en Perú


Subida en bus a Machu Picchu


Nos levantamos a las 3:30h de la mañana. La idea era llegar lo antes posible a la cola para coger el bus, ya que la fila puede ser muy larga. El primer bus sale a las 5:30h. Intuíamos que la gente empezaría a llegar sobre las 4 y decidimos estar allí sobre las 3:50h. No nos equivocamos. A partir de las 4 la fila empezó a crecer y crecer poco a poco.

A las 3:50h ya estábamos allí, haciendo cola. Fuimos los primeros. No había nadie y ni siquiera sabíamos exactamente dónde empezaba la fila, hasta que vimos a unos trabajadores que nos lo indicaron. A los pocos minutos ya empezaron a llegar turistas deseosos de visitar Machu Picchu.

Podemos decir que hay dos opciones para subir. Una es a pie, a través de un sendero perfectamente indicado. Otra opción es en bus, como hicimos nosotros. No es barato. Cuesta 12 dólares cada trayecto y nosotros solamente compramos la ida. ¿Es mejor subir en bus o a pie? Pues aquí dependerá de cada viajero. La realidad es que la subida es muy dura y larga. Se tarda perfectamente 2 horas en alcanzar la cima. Si, como fue nuestro caso, se va a subir a Huayna Picchu, puede ser excesivo.

Allí estuvimos, de pie durante hora y media esperando que el reloj se acercara a la hora de inicio de los autobuses. Aprovechamos para desayunar gracias a la bolsa que nos prepararon amablemente en el hotel la noche antes. Nos entretuvimos viendo llegar turistas que poco a poco iban colapsando la calle y también otros más valientes que decidieron subir a pie. 

Cola de espera para el bus de subida a Machu Picchu
Cola esperando al bus para subir a Machu Picchu antes de las 5 de la mañana

Poco antes de las 5:30h llegó el primer bus. Fuimos los primeros en montar y marchar hacia Machu Picchu. Toda una experiencia ver cómo poco a poco iban saliendo los primeros rayos de sol en esa zona tan maravillosa del mundo. Y aún tuvimos que esperar un rato más, ya que llegamos y fuimos los primeros (una vez más) en la cola para acceder a esta maravilla del mundo.

El día pintaba feo. Bastante feo. Eso nos tenía preocupados. Estaba muy nublado e incluso mientras esperábamos caía una nieblilla que presagiaba lo peor. Sin embargo los trabajadores que estaban en la puerta para abrir a las 6 en punto nos dijeron que tranquilos, que en un par de horas el cielo se abriría, se iría la niebla y podríamos disfrutar. No lo creímos del todo hasta que lo vimos. 

Subida a Huayna Picchu


Y por fin entramos. Dieron las 6 de la mañana y abrieron la puerta. Fuimos los primeros en entrar en Machu Picchu ese día, de los 5.940 turistas que, como máximo, pueden acceder cada jornada. Los primeros como 1 año antes fuimos para entrar a Petra.

Machu Picchu cubierto de nubes
Primeras vistas de Machu Picchu cubierto de nubes

Teníamos comprada la entrada para subir a Huayna Picchu, la famosa montaña que se ve en todas las fotos. Esto es algo que recomiendo mucho. Está muy limitado, ya que únicamente hay dos turnos de 200 personas. Por tanto hay que reservarlo con mucha antelación. Incluso meses, en temporada alta. Nosotros lo cogimos unos 3 meses antes, nada más abrieron el plazo para esa fecha.

La entrada para subir la abrían a las 7 de la mañana. Fuimos tranquilamente hasta allí, paseando por zonas desérticas a esa hora. Nos seguía preocupando el cielo tan nublado. Llegamos a la puerta y ahí esperamos un rato hasta que abrieran. Nuevamente los primeros en cruzarla y escribir nuestro nombre en una libreta que había que firmar otra vez a la salida, por seguridad para que supieran que no se había quedado nadie perdido. 

Parte de la subida a Huayna Picchu
Tramo de subida a Huayna Picchu

De la subida a Huanya Picchu había leído muchas historias. Muchos viajeros decían que era muy peligroso, que había tramos en los que podía haber accidentes serios. Lo cierto es que no es una subida fácil, es durilla en algunos tramos y también otros en los que hay que tener ciertas precauciones. Pero para nada es tan peligroso y duro como lo pintan algunos. Cualquier persona con una mínima preparación física puede hacerlo. Incluso vimos a una mujer de edad avanzada, a su ritmo, hacer la ruta. 

Simplemente hay que conocerse a uno mismo y saber dónde está el límite. No es plan de querer ir corriendo, agotarse y tener algún problema serio. Hay que tener en cuenta que estamos por encima de los 2.500 metros y aquí el nivel de oxígeno no es el adecuado. En cuanto a peligrosidad, únicamente hay algún tramo de escaleras muy empinadas por donde hay que tener cuidado de no resbalar. Especialmente a la bajada. También uno de los últimos tramos hay que pasar por una cavidad muy estrecha y hay que entrar casi de rodillas. Quizás el único momento en el que hay que tener cierta agilidad. 

Escaleras de subida a Huayna Picchu
Parte de las escaleras de subida a Huayna Picchu

El camino discurre prácticamente en su totalidad en subida. Es muy recomendable llevar agua, ya que el calor y la humedad pueden ser muy grandes. Se tarda en subir sobre una hora. Nosotros tardamos unos 40 minutos. Las vistas desde arriba, a algo más de 2.600 metros de altitud, son impresionantes. Lástima que a esa hora todavía no había abierto el cielo.

Un vigilante que se encontraba en la cima nos saludó a la llegada. Nos recomendó que esperáramos un rato (más de una hora) hasta que se abriera el cielo y poder ver las vistas. No teníamos prisa ninguna. En ese momento estábamos solos en lo alto. Poco a poco fueron llegando turistas que también esperaron allí. Como pudimos fuimos acomodándonos en las piedras y poco a poco veíamos entrar los rayos de sol. La antigua ciudad de Machu Picchu asomaba por momentos.

Después de estar un buen rato allí arriba, decidimos bajar. Confiábamos en que durante el camino de regreso el cielo fuera despejándose poco a poco. La verdad es que continuaban las nubes, pero a ratos entraba el sol y podíamos ver todo lo que nos rodeaba. 

Machu Picchu, la maravilla de Perú


La bajada la hicimos bastante más pausada que la subida. Nos parábamos en los diferentes miradores que había por el camino y disfrutamos más de las vistas y del camino. En los tramos finales, cuando ya eran más de las 10 de la mañana, nos cruzamos con el segundo turno que estaba subiendo. Muchos, agotados, nos preguntaban si les quedaba mucho y si la subida era así de dura hasta el final.

Una vez abajo fuimos a visitar las ruinas de la ciudad de Machu Picchu. Increíble recorrer esos muros de piedra perfectamente diseñados y con tanta historia detrás. Una auténtica maravilla visitar ese lugar que tantas y tantas veces habíamos visto por fotos y vídeos. Cada rincón merecía la pena perder el tiempo en pararnos, echar fotos y contemplar el paisaje. 

Ruinas de la antigua ciudad de Machu Picchu
Ruinas de la antigua ciudad de Machu Picchu

Había turistas. Muchos ya a estas horas. Sin embargo, gracias al límite que tienen puesto por temas de conservación, la verdad es que en ningún momento hay agobio. Es cierto que todos quieren la foto perfecta, pero simplemente hay que tener un poco de paciencia y esperar. Este complejo es muy grande y al final es cuestión de ordenarse un poco.

Después de visitar las ruinas de esta emblemática ciudad inca, sin saber muy bien cómo acabamos en la puerta de salida. Tengo que decir que está permitido salir un máximo de dos veces con el ticket. Dentro no hay servicios ni es posible comprar agua. Incluso está prohibido entrar comida, aunque lo cierto es que nadie nos registró a la entrada.

Decidimos salir para comprar una botella de agua y, automáticamente, volver a entrar. Había una cola algo larga de gente entrando. Seguramente muchos de los que llegaron tarde para coger el bus y tuvieron que esperar bastante tiempo. Nosotros pudimos entrar por otra fila de reingreso, que estaba vacía. 

Las mejores vistas de Machu Picchu


Esta vez, en vez de continuar dirección hacia abajo, hacia la entrada a Huayna Picchu, subimos hacia arriba, hacia la izquierda. Es aquí donde están las mejores vistas de Machu Picchu. Es este el lugar desde donde tanta y tanta gente se hace la famosa foto. Lógicamente es la zona con más aglomeración de turistas, pero nuevamente no encontramos una masificación excesiva. 

Tuvimos que subir un poco, aunque nada que ver con lo de esa misma mañana. Por el camino hay varios miradores y zonas donde parar y echar fotos. Por suerte el día se aclaró y se fue la niebla. Hubiera sido una auténtica pena llegar hasta aquí, un lugar al que quizás incluso no volvamos más, y encontrarnos con nubes que cubrieran todas las vistas. 

Las mejores vistas de Machu Picchu
Las mejores vistas de Machu Picchu

Tras echar infinidad de fotos y cuando eran algo más de las 12 de la mañana, decidimos bajar y salir de Machu Picchu. Había sido una mañana muy intensa, increíble, visitando un lugar único en el mundo. Todavía nos quedaba la bajada a Aguascalientes a pie

Bajada andando a Aguascalientes


Y eso hicimos. Después de comprar agua emprendimos el descenso. Esta vez a pie y, aunque íbamos en bajada, se hizo un poco duro algunos tramos. Las piernas ya estaban cargadas de toda la subida a Huayna Picchu. Mereció la pena el esfuerzo. Tardamos algo menos de una hora en llegar abajo.

Con la mente aún asimilando todo lo que habíamos visto esa mañana, el cuerpo ya pedía comida. Había sido un esfuerzo grande. Lo primero levantarnos a las 3:30h de la mañana para ir a hacer una cola para coger un bus de subida a Machu Picchu. Posteriormente la subida a pie a Huayna Picchu y todo el recorrido por la antigua ciudad inca, sumado al descenso a pie hacia Aguascalientes ya con bastante calor. Pero todo el esfuerzo había merecido la pena.

Dimos una vuelta por las calles de Aguascalientes, llenas de restaurantes, y entramos en uno cualquiera que tenía buena pinta. Estaba bastante vacío a esa hora. La verdad es que, como hicimos todo siendo los primeros, también llegamos antes que casi nadie a la ciudad para comer. Nos tomamos la comida con tranquilidad y descansando un rato. 

Poco después fuimos al hotel a por el equipaje y pusimos rumbo a la estación de tren para coger el que nos llevaba de vuelta a Cuzco, previa parada en Ollantaytambo para coger el bus. En esta ocasión cogimos un tren panorámico, con el techo de cristal para poder ver las impresionantes vistas durante el camino, esta vez de día. 

Tren panorámico de Aguascalientes hacia Ollantaytambo

Muy agotados llegamos a Cuzco, al mismo hostal donde habíamos dormido anteriormente. Salimos a cenar a un restaurante que encontramos cerca de donde nos alojábamos, sin querer alejarnos mucho. Al día siguiente cambiamos radicalmente y pusimos rumbo a una nueva aventura: la selva amazónica peruana en la Reserva Nacional de Tambopata. Una experiencia única.

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