lunes, marzo 26, 2018

Cascadas, lengua de glaciar y otras maravillas del sur de Islandia

Continuamos nuestra ruta por el sur de Islandia hacia el este. Dejamos atrás Hella, el pueblo donde pasamos la noche, y nuevamente antes del amanecer ya estábamos en el coche. En invierno, especialmente en meses en los que apenas hay horas de sol, lo recomendable es salir antes de los primeros rayos. Las distancias a veces son largas y mejor que cuando lleguemos al destino no hayamos desaprovechado mucho tiempo de luz.

La cascada de Seljalandsfoss en invierno, una de las más famosas del sur de Islandia

Cascadas de Seljalandsfoss y Gljúfrablúi


Así pues, sobre las 8 de la mañana pusimos rumbo a nuestra primera parada del día: la cascada de Seljalandsfoss. Es una de las más conocidas del sur de Islandia. Además es parada obligada, ya que está junto a la carretera principal.

Cuando llegamos no había absolutamente nadie allí. Todavía quedaban unos minutos para que se viera bien. Pero hay que decir que esas primeras vistas de esta magnífica cascada con los primeros rayos saliendo es una maravilla.

El problema de visitar la cascada de Seljalandsfoss en invierno es que no puedes pasar por detrás de ella. Es una de las atracciones más curiosas de este lugar. Hay unas escaleras y puedes ver la caída del agua desde atrás, teniendo así unas vistas diferentes. En invierno todo esto estaba congelado y estaba prohibido pasar. Además de que era físicamente imposible.

La cascada de Seljalandsfoss rodeada de nieve

De momento el día pintaba bastante bien. El cielo estaba despejado y, aunque hacía frío, no era excesivo. Después de estar allí unos minutos, rápidamente comenzaron a llegar muchos turistas.

Pero la cascada de Seljalandsfoss no es la única del lugar. De hecho hay muchas más. Una de las principales es la cascada de Gljúfrablúi. Está a unos 500 metros y se puede ir andando perfectamente. Eso sí, cuidado con el camino que une ambas cascadas porque en invierno, muchos días, se forman placas de hielo y es bastante resbaladizo.

Por el camino podemos ver otros saltos de agua. Hay muchos, aunque no tan espectaculares como las dos cascadas principales. Sin duda es un trayecto a pie muy bonito para hacer.

La curiosidad de la cascada de Gljúfrablúi es que se encuentra oculta entre rocas. Para verla tienes que entrar, literalmente. Teníamos constancia de que se podía entrar a través del río. El problema es que en invierno, o por lo menos en la fecha que fuimos, corría demasiada agua. Para entrar allí tenías que mojarte hasta las rodillas y parecía que no había otra manera ni intentando pisar piedras que hicieran de puente.

La cascada de Gljúfrablúi, oculta detrás de las rocas

Después de tantear la situación un momento, vimos que no podíamos ver esta cascada. Para otra ocasión.

Ya de vuelta a donde teníamos aparcado el coche junto a la cascada de Seljalandsfoss, vimos que habían llegado muchos turistas más. Si un rato antes éramos los únicos en el lugar, ahora poco a poco iba llenándose. 

Mirador del volcán Eyjafjallajökull


Continuamos nuestra ruta y unos 20km después hicimos la segunda, aunque breve, parada. Se trata de un mirador desde donde se puede ver el volcán Eyjafjallajökull. Seguro que recordáis el episodio ocurrido en 2010 cuando este volcán entró en erupción y la ceniza y humo en la atmósfera llegó a media Europa y se cancelaron miles de vuelos.

Mirador del volcán Eyjafjallakökull, al fondo

Desde este mirador podemos ver el volcán Eyjafjallajökull al fondo y una granja delante que se vio afectada. Vemos un panel con imágenes e información. Es una parada corta, ya que no se puede entrar más allá al ser una propiedad privada. Lo que sí hay, para aquellos más interesados, es la posibilidad de ver un vídeo informativo sobre este hecho. Cuesta 750 coronas (unos 6 euros) y está a unos metros del mirador, pero en la parte opuesta de la carretera. Es decir, a la derecha conforme se va de la cascada de Seljalandsfoss hacia el este. Nosotros no entramos. 

La espectacular cascada de Skógafoss


De aquí fuimos a una de esas visitas imprescindibles y que impresionan. Un lugar que no podemos dejar de ver bajo ningún concepto en Islandia. De hecho, si cogemos la carretera principal por el sur del país, es imposible que no lo veamos: desde lejos ya se aprecia la cascada de Skógafoss.

La cascada de Skógafoss en invierno, de las más famosas de Islandia

Es una de las más impresionantes de toda Islandia. Mide 60 metros de altura y 20 de ancho. Es una auténtica maravilla la situación en la que se encuentra, perfectamente encajonada. Atrae muchos turistas, como podemos imaginar.

Esta es una de las imágenes típicas de Islandia. Los que hayáis visto la última temporada de Vikings, seguro que os suena ya que aparece en un capítulo.

Dejamos el coche en el parking y caminamos un pequeño tramo hasta acercarnos a la cascada. Podemos acercarnos tanto como queramos, pero es posible que acabemos empapados. En invierno todo a su alrededor está nevado y con tramos prohibidos cruzar. Esto es así ya que muchas veces es nieve blanda que se va acumulando simplemente del agua salpicada y como se ande por aquí nos podemos hundir. Hay que andar por el camino delimitado.

Y en invierno sí podemos subir a la cascada de Skógafoss. Hay unas escaleras de hierro que, aunque algunos tramos estaba casi totalmente cubierto de hielo y hay que tener cuidado, se puede subir perfectamente.

Escaleras para subir a la cascada de Skógafoss

Desde arriba podemos ver la impresionante caída de la cascada de Skógafoss. Hay, además, unas vistas muy bonitas.

Se puede continuar por un sendero a lo largo del curso del río. Pero en invierno parece que eso no es posible, ya que está muy congelado y es peligroso. En otras épocas se podría caminar y ver alguna caída de agua más.

La cascada de Skógafoss desde arriba

Skógafoss es un lugar que merece mucho la pena
. Unos días después, en nuestro camino de vuelta hacia el oeste, volvimos a parar aunque desde otra perspectiva.

Al lado de la cascada hay un museo, Skógar Museum. Aquí se exhiben numerosas piezas de la historia de Islandia, su cultura y forma de vida. Hay 6 edificios tradicionales que realmente llaman la atención. Fuimos a informarnos y la entrada costaba unos 18€. No vimos que mereciera la pena y preferimos continuar nuestra ruta para ver otros lugares naturales.

Exterior de los edificios de Skógar Museum

Lengua de glaciar Solhemajökull y el avión abandonado


Los dos siguientes destinos estaban muy próximos: la lengua de glaciar Solhemajökull y el famoso avión abandonado. Primero fuimos a Solhemajökull.

Aquí se hacen excursiones para caminar encima del glaciar. Nosotros simplemente quisimos ir hasta donde se pudiera andando para contemplar la inmensidad del lugar. El camino, eso sí, puede ser un poco complicado en algunos tramos. Es perfectamente accesible, pero pueden formarse placas de hielo y hay que andar con cuidado.

La lengua de glaciar de Solhemajökull

Una parada interesante para tener un primer contacto con el glaciar más grande de Europa. No sería la última vez que lo veríamos.

La siguiente visita fue el avión abandonado de Islandia. Ya era hora de comer y preveíamos que la ruta a pie hasta el avión iba a ser larga. Decidimos comer y posteriormente comenzar a andar. El tiempo empezaba a ponerse peor.

La única manera que hay de visitar el avión abandonado es andando. Y para ello hay que caminar unos 4km de ida y otros 4km de vuelta. No queda otra. Hay una zona delimitada para que la gente no se pierda, ya que literalmente andamos sobre la nada. En invierno puede ser bastante complicado por el hielo, la nieve y zonas donde hundes los pies. Hay que llevar muy buen calzado. Es imprescindible.

Camino hasta el avión abandonado

Si un rato antes vimos que el tiempo empezaba a ponerse feo, lo confirmamos en cuanto comenzamos a andar. Por suerte, el aire lo llevábamos de frente. Eso significaba que la ida iba a ser dura, pero la vuelta más sencilla. Mejor eso que al revés. Y así fue. El camino hacia el avión abandonado fue algo durillo por el viento y los tramos en los que comenzaba a nevar. Incluso hubo un par de minutos donde no pudimos avanzar y todo el mundo se puso de espalda por una gran ventisca.

Por fin llegamos al avión abandonado. Por el camino veíamos a mucha gente caminar, pero lo cierto es que conforme íbamos avanzando, cada vez había menos gente. Parece que muchos se quedaron a medio camino y vieron que era muy duro seguir. En el avión había muy poca gente.

Este avión está aquí desde 1973. Pertenecía al ejército estadounidense que estaba realizando unas maniobras. Hubo problemas y el piloto tuvo que aterrizar de emergencia. Supuestamente eligió este lugar porque cerca había un pueblo: Vík í Mýrdal.

El famoso avión abandonado de Islandia

Y ahí sigue el avión. Casi cinco décadas después. Con el auge del turismo en Islandia se ha convertido en un lugar muy popular por los turistas. Quizás también por la situación geográfica donde se encuentra, muy cerca de algunos lugares interesantes. La verdad es que no se más que eso, un avión abandonado y que cada vez está en peores condiciones.

La vuelta fue mucho más rápida y fácil. Llevábamos el aire a favor. Pero hay que decir que cansa, puede ser bastante duro como pille un día de mucho aire. 

Dyrhólaey y la playa negra de Vík


Continuando nuestro camino hacia Vík í Mýrdal, donde pasamos la noche, visitamos Dyrhólaey. Es un lugar natural muy bonito. Está cerca de la famosa playa negra de Vík. Desde aquí hay unas impresionantes vistas y podemos comprobar la fuerza con la que golpean las olas contra las rocas. También ver el arco creado por la erosión del aire y agua. Algo que recuerda a la ya extinta Ventana Azul de Malta.

Un sitio bonito para hacer una parada. Eso sí, hay que desviarse un poquillo de la ruta. Pero si se tiene tiempo, merece la pena.

Bonitas vistas del cabo de Dyrholáey

Y otra de las cosas que podemos ver en muchos vídeos de Islandia o blogs de viajes, son los famosos caballos islandeses. Tienen ciertas peculiaridades. Por ejemplo ninguno de ellos está vacunado. No lo necesitan. Eso sí, si alguno de ellos sale del país, jamás podría volver. Tampoco puede entrar otro caballo de otra nación. Todo ello para conservar la raza pura y para evitar posibles enfermedades para los animales.

Los caballos islandeses que te encuentras por muchos lugares del país

Y ya sí llegamos a la que fue la última parada del día: la playa de Reynisfjara. Es la famosa playa negra, de lava. Las columnas de basalto es lo que atrae a muchos turistas hasta este lugar. Recuerda en cierta medida a la Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte.

La playa y las famosas columnas de basalto de Reynisfjara

Esa noche la pasamos en Vík í Mýrdal. Es un pueblo muy popular para los turistas, ya que está cerca de muchos lugares famosos. Es el sitio perfecto para hacer base. Según parece en épocas de temporada alta, puede ser bastante complicado encontrar alojamiento si no se hace con antelación.

La ruta de ese día había salido perfecta y pudimos ver todo lo que teníamos en mente. Llegamos temprano al hostal, sobre las 17:00h. Puffin Hostel Vík, se llama el sitio. Estaba bastante bien. Cocina muy equipada, amplias zonas comunes, las habitaciones aunque no muy grandes no estaban mal.

Como curiosidad en Islandia, el alcohol lo venden en tiendas controladas por el Estado. No lo pueden vender en supermercados ni otras tiendas, salvo que tengan menos de 2,25% de alcohol. Por lo tanto una cerveza normal no se podría comprar.

En Islandia no hace falta nevera para enfriar latas de cerveza

Esa noche, aprovechando que el cielo estaba despejado, salimos a ver si había suerte y veíamos alguna aurora boreal. No la hubo. Alguna nebulosa que medio se podría intuir, pero sin tener la intensidad necesaria para verse con el ojo humano. No tardamos demasiado en ir al hostal a cenar y descansar para el día siguiente, que continuaba nuestra ruta aún más hacia el este.

Mapa de localización


No hay comentarios:

Publicar un comentario