jueves, febrero 15, 2018

Minsk: día completo conociendo la capital de Bielorrusia

Minsk fue seguramente la ciudad que más nos sorprendió durante nuestro viaje por el este de Europa. La capital de Bielorrusia es muy desconocida pero tiene mucho que ofrecer al turista. Es un lugar con mucha historia, zonas verdes, monumentos, buena gastronomía y, sobre todo, diferente a lo que estamos acostumbrados en Europa. Ese día tocaba ver bien la ciudad bielorrusa más importante y nos pusimos en marcha.

Parque de los Héroes, una de las zonas más interesantes de Minsk

Minsk, la sorpresa del viaje


El día anterior ya nos llevamos una buena impresión cuando llegamos desde Ucrania. Una ciudad muy limpia, ordenada, bien comunicada y, eso sí, con muy poco turismo. Es la verdad. Bielorrusia es uno de los países menos conocidos del Viejo Continente. Aislado por el yugo soviético durante muchas décadas, incluso después de la caída de la URSS. Es ahora cuando el gobierno quiere abrirse al turismo.

Ese día nos levantamos temprano, como siempre, para aprovechar el tiempo al máximo. Únicamente íbamos a tener ese día completo para conocer Minsk. Nuestro hostal estaba algo alejado del centro, pero con una parada de metro muy cerca que nos dejaba en las zonas más turísticas en cuestión de minutos.

En Minsk el tema del alojamiento no es sencillo. Hay que tener en cuenta que es un país que visita muy poca gente. Ahora está creciendo algo más el número de extranjeros que llegan, pero sigue siendo una de las naciones menos turísticas de Europa. Esto se traduce en que básicamente hay dos opciones: hoteles caros o la opción de hostal/guesthouse. Pero esto último más bien está orientado a locales. Gente que vive allí porque le sale más barato que alquilar una vivienda (pasaba igual en Rusia).

La idea ese día era desayunar por el centro. Llegar allí a buena hora y, antes de ponernos a ver cosas, comer algo. Así pues fuimos al metro, que es muy barato, y pusimos rumbo al centro. El metro me recordaba a los de Moscú y San Petersburgo. Evidentemente no son tan grandes, de hecho hay 2 ó 3 líneas únicamente. Tampoco tiene tantos adornos ni son tan bonitos como los de Rusia. Pero sí guarda ese toque soviético, con la hoz y el martillo por todas partes, por ejemplo.

Del metro me sorprendió que nos hicieran un control de seguridad. A cualquier viajero que llevara una mochila o algo más grande de lo normal, le hacían pasar por unos rayos. 

Un centro muy soviético


En 3-4 paradas nos pusimos en el centro. Esta parte de la ciudad es muy bonita y con aspecto muy soviético. Enormes edificios, amplias avenidas y todo muy limpio y verde. Desayunamos justo enfrente del edificio de la KGB. Esta agencia de seguridad soviética todavía está vigente en Bielorrusia.

Edificio de la KGB de la capital de Bielorrusia

En general aquí es barato comer. Es cierto que no tanto como en Ucrania o Moldavia, países que estuvimos días atrás, pero es bastante económico comparado con España.

Bajamos toda la avenida principal, donde se encuentra el edificio de la KGB, y llegamos hasta la Plaza de la Independencia. Esta avenida cruza toda la ciudad y se llama Prospekt Nezavisimosti. Sin duda es uno de los lugares más bonitos de Minsk y más turísticos. Los pocos turistas que vimos (realmente pocos) estaban aquí. Todo aquí es muy comunista. Estatuas de Lenin, escudos soviéticos, la inmensidad de la plaza en sí…

Plaza de la Independencia, un imprescindible en Minsk

Estatua de Lenin en una de las zonas de la plaza

Este lugar es muy bonito. Es ideal para recordar la historia de Bielorrusia y también para ver cómo la ciudad y el país están prosperando y mirando hacia el futuro. Cómo ha cambiado en los últimos años, pero todavía guarda cierto aire comunista.

En la plaza de la Independencia está la iglesia de los Santos Simón y Elena. No es nada del otro mundo, pero es una de las más importantes para los locales. Destaca el color rojo del edificio. De hecho también es conocida como la Iglesia Roja. Es católica, algo poco común en estos países.

Esta ciudad en verano es preciosa. Tiene amplias zonas ajardinadas y todo muy bien preparado. Paseando por el centro no tardábamos en encontrar un parque o espacio verde. La verdad es que la propia ciudad está construida dentro de un bosque, por lo que eso facilita las cosas.

De aquí fuimos andando y recorriendo algunas calles del centro hasta la zona donde está la Isla de las Lágrimas, otro lugar imprescindible en Minsk. Antes de llegar aquí nos topamos con el Ayuntamiento y la catedral del Espíritu Santo, también muy bonita.

Esta zona, donde está la catedral y otros edificios importantes, es muy concurrida. También, en las calles de alrededor, es fácil encontrar bares y restaurantes. 


La Isla de las Lágrimas   


Enfrente de este lugar, cruzando un puente, está la Isla de las Lágrimas. Es muy pequeña y se accede a través de otro puente mucho más pequeño y muy fotogénico. En el centro hay un monumento dedicado a los soldados bielorrusos que perdieron la vida en Afganistán.

Puente de la Isla de las Lágrimas

Hay una estatua de un ángel que literalmente llora (echa agua). Es un espacio muy tranquilo, con muy poca gente. Además desde aquí podemos tener fotos muy bonitas de esta parte de Minsk.

Estatua llorando en la Isla de las Lágrimas

De aquí, nuevamente andando, fuimos hasta el Parque de la Victoria y el Museo de la II Guerra Mundial. En algún sitio leí que es el mejor museo de este tipo que podemos encontrar en Europa. No me extraña en absoluto. Es realmente interesante. 

Museo de la Gran Guerra Patria de Minsk


Se conoce como el Museo de la Gran Guerra Patria. Nadie debe perderse este lugar en Minsk. Por fuera es un lugar muy bonito con diferentes monumentos. Fue el primer museo abierto dedicado a la guerra más importante del siglo XX. De hecho fue abierto poco después de la liberación de Minsk en 1944.

Parte exterior del Museo de la Gran Guerra de Minsk

En la parte de fuera podemos ver 11 grandes fragmentos de acero inoxidable que refleja la luz del sol. Su objetivo es simbolizar la Gran Victoria. También podemos ver una estrella situada a 45 metros de altura.

El edificio actual, evidentemente, no es el mismo. De hecho el nuevo fue inaugurado en 2014, para conmemorar los 70 años de la liberación de la capital de Bielorrusia de los nazis. Cuenta con más de 15.000 metros cuadrados.

Dentro podemos hacer un recorrido por los diferentes años del conflicto. Tenemos un acercamiento a lo que fue esta cruel guerra para Bielorrusia. La gente, a través de los libros muchas veces, recuerda a otros países durante la II Guerra Mundial. Países que sufrieron mucho, que fueron devastados. Pero pocos hacen mención a Bielorrusia, que fue el país que más vidas humanas perdió durante el conflicto.

Recreación muy realista de una batalla en el Museo de la Gran Guerra

Se calcula que entre 2 y 3 millones de personas murieron en Bielorrusia, por aquel entonces parte de la Unión Soviética. Cientos de pueblos quedaron totalmente arrasados por la ocupación nazi.

El Museo de la Gran Guerra es bastante realista. Podemos observar objetos reales utilizados durante el conflicto, trajes, armas, etc. Para quien le guste esta parte de la historia, es un lugar imprescindible. Lástima que no dejen tomar fotografías dentro (hay que pagar un suplemento), aunque algunas sí que echamos con cuidado.

Una de las zonas del interior del Museo de la Gran Guerra de Bielorrusia

Para quien quiera visitarlo, abre todos los días excepto los lunes de 10:00 a 18:00h (fiestas nacionales también cierra). 

Ópera y Teatro Nacional


Nuevamente volvimos al centro. Aquí no llega metro y hay dos opciones: andar o coger algún autobús urbano. Intentamos ver si pasaba algún autobús, pero tampoco sabíamos exactamente cuál llegaba y seguimos andando. Las distancias no son demasiado grandes, al menos para estar zona.

Fuimos a ver la Ópera y Teatro Nacional, que está muy cerca de la Isla de las Lágrimas, pero en otra dirección a la que cogimos por la mañana. Es un edificio muy bonito y donde vienen muchos locales a echarse fotos.

Ópera y Teatro Nacional en Minsk

Ya poco a poco se acercaba la hora de comer y teníamos marcado un sitio. Antes de llegar, de camino, fuimos a la Plaza de la Victoria. Destaca el monumento que hay en el centro. Nuevamente mucha simbología soviética.

Fuimos a comer al restaurante Lido, de comida tradicional. Lo bueno de este sitio es que ves la comida y vas cogiendo lo que quieras. Tiene mucha variedad y es barato. Ya comí en uno igual en Riga. Es una buena opción si queremos comer algo local.

Comida tradicional bielorrusa en el restaurante Lido

Iglesia de Todos los Santos y la Biblioteca Nacional


Después de comer cogimos el metro y fuimos hasta la iglesia de Todos los Santos. Está a unos 6 kilómetros de donde estábamos. Es una de las iglesias más bonitas del país. Esta zona de la ciudad es incluso más tranquila que el centro.

La iglesia de Todos los Santos

Aquí cerca está la Biblioteca Nacional. Destaca la forma de su edificio. Es bonito y muy fotografiado. Por aquí pasamos el día anterior cuando llegamos del aeropuerto.

Biblioteca Nacional de Bielorrusia

De nuevo en el metro, fuimos dirección al hostal un rato. Había sido un día bastante completo y de mucho andar. Minsk nos sorprendió gratamente y nos quedamos con ganas de conocer algunos otros lugares del país, la zona más rural.

Por la noche salimos a cenar a la zona de la catedral del Espíritu Santo. Aquí hay muchos bares y restaurantes. Vimos mucho movimiento por la noche. Gente por todos lados y los bares muy llenos con actuaciones musicales en directo por todas partes. Nos gustó mucho también la capital bielorrusa por la noche.

Actuación musical en directo en un bar de Minsk

Al día siguiente cambiábamos nuevamente de país y pusimos rumbo a Polonia, donde finalizamos el viaje por el este de Europa.

Mapa de localización


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