lunes, octubre 16, 2017

Visita a Transnistria, el país que no existe para nadie

Durante nuestra ruta por Europa del este visitamos uno de los territorios más desconocidos y a la vez más problemáticos que existen en la actualidad. Hicimos una visita a Transnistria, un país que muy pocos reconocen y que lleva más de 20 años aislado en una cápsula del tiempo. Un lugar del que pudimos leer cosas antes de ir que podían invitar a no entrar, pero que para nada es la realidad hoy en día.

Cartel con la bandera de Transnistria, en la calle 25 de Octubre

Visita a Transnistria


Transnistria es un país independizado de facto de Moldavia. Solamente reconocen su independencia otros estados no reconocidos por casi nadie, como Osetia del Sur o Abjasia. Sin embargo tiene buenas relaciones con Rusia, quien pese a no reconocer oficialmente su independencia, le apoya económicamente e incluso tiene un consulado en la capital.

Pese a que no tiene prácticamente reconocimiento internacional, viven como un estado propio. Tienen ejército, leyes, gobierno independiente al de Moldavia. Utilizan una moneda propia y tienen perfectamente delimitadas sus fronteras.

Después de haber estado en Chisinau, que fue la primera parada del viaje, pusimos rumbo a Transnistria. El viaje entre Chisinau y Tiráspol es más fácil de lo que pensábamos y de cómo lo pintan en algunas webs en Internet. El trayecto se puede hacer tanto en tren como en minibús, aunque en el caso del ferrocarril son muy escasos y no hay todos los días. En minibús tarda sobre hora y media.

De Chisinau a Tiráspol en minibús


En nuestro caso fuimos de Chisinau a Tiráspol en minibús. Es muy sencillo. Basta con ir a la estación de autobuses de Chisinau, que está junto al mercado central. Aquí tendremos que buscar la dársena de donde sale el minibús. Suele estar en la parte trasera de la estación. Si no vemos ninguno que ponga Tiráspol, basta con preguntar a alguien y rápidamente nos guían. Hay que comprar el ticket en una ventanilla que hay fuera.

Minibús de Chisinau a Tiráspol

Normalmente sale un minibús cada 20-30 minutos y nos costó 36,5 leis moldavos (1,75€ más o menos). Cuando llegamos justamente estaba saliendo uno, por lo que tuvimos que esperar. Había allí otro ya aparcado, entramos y esperamos unos 20 minutos a que saliera. Son minibuses de 2 asientos en un lado y asientos unitarios en el otro. 


Frontera de Transnistria


La parada en la frontera es lo que teme muchos turistas cuando van a Transnistria. De esto habíamos leído muchas cosas en Internet, casi todo en webs escritas en inglés. Hablaban de sobornos, de tener que esperar un montón de tiempo en la frontera, de problemas con el pasaporte… Absolutamente nada de esto, al menos en 2017. Lo que haya pasado hasta hace unos años no lo sabemos.

El procedimiento es muy sencillo; llegamos a la frontera, el autobús para y todos los extranjeros (quienes no sean de Moldavia o Transnistria) tienen que bajarse y acudir a un cuartelillo donde está la policía transnistria. Se entrega el pasaporte, verifican los datos y te dan un visado. Hay que tener en cuenta el tiempo que vayamos a estar (nos lo pregunta el policía), ya que hay visado de 10 horas o de más. El de 10 horas, como fue nuestro caso ya que únicamente íbamos a estar ese tiempo, es gratuito.

Visado de 10 horas para visitar Transnistria

Una vez tenemos el visado, subimos al autobús y continúa el recorrido. Al poco tiempo pudimos ver algún tanque en la frontera. Primero hizo una parada en Bender, que es la primera ciudad tras entrar en el país. A los pocos minutos llegamos a Tiráspol.

Estación de Tiráspol y cambio de moneda


La estación de Tiráspol es pequeña. Realmente es un espacio abierto donde paran los autobuses y justo al lado está la estación de ferrocarril. Entramos dentro para asegurarnos de los horarios de autobuses, ya que la información que hay en Internet puede ser anticuada. Conviene entrar y preguntar, además de que es mejor tener el billete comprado.

Estación de Tiráspol

También hay que cambiar moneda, ya que en Transnistria utilizan el rublo transnistrio. En este sentido no hay problema. En la propia estación hay una casa de cambio. Por cierto, las monedas nos parecieron súper curiosas, ya que hay algunas que son de plástico y parecen unas fichas de casino o de cualquier juego de mesa.

Monedas de plástico de Transnistria

Sí tuvimos un poco de problema para dejar el equipaje. En donde venden los billetes de autobuses hay unas taquillas pero no estaban operativas. Nos indicaron que fuéramos a las taquillas de la estación de tren y allí nos las guardaron en un cuarto hasta que volvimos. Nos costó unos pocos de rublos, nada caro.

Después de asegurarnos de tener el billete de autobús de Tiráspol a Odesa, que era nuestra siguiente parada, y de haber dejado el equipaje en la estación, nos pusimos a conocer la ciudad. 

Accesible a pie


Tiráspol se puede recorrer perfectamente a pie y en unas horas. No necesitamos pasar mucho más si sólo queremos ver los puntos más interesantes. Pasear por estas calles es como volver a la Unión Soviética. Está claro que el país ha avanzado, que tiene sistema capitalista, muchas tiendas, etc. Pero en cierta medida no han abandonado su pasado soviético. El nombre de las calles se mantienen (calle Lenin, calle 25 de Octubre…), vemos estatuas soviéticas por muchos lugares, coches de la época, etc. Incluso su bandera mantiene la hoz y el martillo.

Desde la estación cogimos la calle Lenin que es la que baja hasta la gran avenida donde están los principales lugares turísticos. Por el camino nos encontramos con una curiosa iglesia ortodoxa.

Casi todos los lugares que buscan los turistas se encuentran en la calle 25 de Octubre. Es una amplia avenida donde hay muchos restaurantes, tiendas, edificios enormes que están construyendo en la actualidad… En definitiva, es la muestra de modernidad de Transnistria, pero donde mantienen aún estatuas de Lenin, símbolos soviéticos y todo su pasado.

Calle 25 de Octubre


Primero tiramos hacia la izquierda (conforme llegamos desde la estación) para ver los lugares más alejados y luego centrarnos en los que están más cerca unos de otro y comer por allí. Así, lo primero que vimos fue el Palacio de los Soviets, con una estatua de Lenin delante.

Palacio de los Soviets

Supuestamente, según pudimos ver en información por Internet, no está permitido tomar fotografías aquí, así como en la sede del Gobierno. Sin embargo nosotros hicimos fotos y así lo hicieron también algunos turistas (muy pocos, en general, en Transnistria) y no tuvimos problemas.

Si continuamos andando llegamos al teatro de Tiráspol. El edificio en sí no es nada del otro mundo. Lo que sí nos llamó la atención era un autobús de la época soviética que había aparcado en la puerta. De estos hay bastantes por toda la ciudad.

Autobús de la época soviética junto al teatro

Detrás del teatro hay un bonito parque. Recordaba en parte su entrada al parque Gorki de Moscú. Es un lugar de paseo con muchas zonas verdes. Había algunas atracciones de feria colocadas.

De aquí volvimos nuevamente a la calle 25 de Octubre para ver los lugares más interesantes. Esta avenida es muy bonita, con edificios muy diversos y algunos de ellos actualmente en construcción. Hay muchas zonas para comer, tiendas de todo tipo y, en general, mucho movimiento tanto de coches como de viandantes.

La Casa de la República es uno de los primeros edificios significativos que nos encontramos en esta zona de Tiráspol.

Casa de la República

Un poco más adelante podemos ver las embajadas de Abjasia y Osetia del Sur. Son los dos únicos territorios que reconocen oficialmente la independencia de Transnistria. Lo que pasa que a estos territorios tampoco los reconoce casi nadie. Podríamos decir que básicamente se reconocen entre ellos y poco más.

Embajada de Abjasia y Osetia del Sur

Tanque y edificio del Gobierno


Uno de los lugares que más llama la atención a los visitantes es el tanque apuntando hacia Moldavia (Europa). Está junto a la capilla de San Jorge y muy cerca de la sede del Gobierno. Es una imagen muy típica.

Monumento del tanque y la capilla de San Jorge

Justo enfrente hay un memorial a los caídos en la guerra.

Un poco más adelante vemos la que quizás es una de las fotos más populares de Transnistria en Internet: el cartel con la bandera del país y donde destaca la hoz y el martillo y la estrella roja. La fecha, 1990-2017, indica el tiempo que llevan como nación independiente.

Al lado está el edificio del Gobierno, con una enorme estatua de Lenin presidiendo la fachada.

Edificio del Gobierno y la estatua de Lenin

Continuamos andando por la avenida hasta el final. Por el camino nos encontramos con algún cartel simbólico que hace mención a la independencia del país, así como algún pequeño monumento soviético.

Tiene una zona de baño muy bien preparada. Es como una pequeña playa creada en el río. Bajamos a echar un vistazo pero no mucho después volvimos ya que había que comer y cada vez quedaba menos para coger el bus de camino a Odesa

Todo muy barato


Comer en Transnistria es realmente barato. Acabamos en un restaurante que se llama Mafia, que se encuentra en la avenida 25 de Octubre, entre el monumento del tanque y la Casa de la República.

Comida en el restaurante Mafia, de Tiráspol

Se trata de un restaurante así fino y terminamos comiendo por unos 5€ por cabeza todo incluido. Eso nos demostró que el país es muy, muy barato. 

De Tiráspol a Odesa


Sin mucho más, volvimos a la estación de autobuses. Hacía bastante calor fuera y tuvimos que entrar en un autobús que llevaba bastante tiempo parado al sol y sin aire acondicionado. Sin duda lo peor del día y todavía quedaba un trayecto bastante duro hasta Odesa, con parada en la frontera de un buen rato.

De esta frontera, la que hay entre Transnistria y Ucrania, también leímos mucho por Internet. Había gente que decía que la policía pedía sobornos, que hacían como que el visado estaba mal, etc. Para nada tuvimos problemas. Trámites realmente sencillos. Primero la policía transnistria entró a pedirnos los pasaportes y ver que todo estaba en regla.

Después fueron los ucranianos quienes se llevaron nuestros pasaportes y volvieron al cabo de un rato con el sello puesto. Este fue el peor momento, sin duda, de todo el trayecto: el rato largo parado en la frontera debajo de un techo de chapa y sin aire.

Mapa de localización


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