viernes, enero 09, 2015

Japón día 3: Kyoto 1

Llevábamos menos de dos días en Tokyo y lo apartamos por unos días para volver al final de nuestro viaje por Japón. Tocaba ir a Kyoto, donde pasamos tres días. Por tanto la segunda mañana que amanecimos en Japón teníamos que ir a la estación y coger el tren Shinkansen que nos llevaba a Kyoto, para llegar allí lo antes posible y aprovechar el día.

Tren Shinkansen Tokyo-Kyoto

Así pues, un poco antes de las 9 de la mañana salimos del hostal y nuestra primera parada fue desayunar algo de camino a la estación Minowa, para coger el cercanías que nos llevaba a la estación central de Tokyo, donde llegamos tras más o menos media hora de camino entre el tramo a pie y el cercanías. Una vez en la estación lo que hicimos fue reservar el billete en el tren, que nos salía gratis con el Japan Rail Pass. Había un número de gente considerable en la cola. Quizás por ser viernes y además día 1 de agosto. Pero en cualquier caso, la ruta Tokyo-Kyoto en tren es de las más usadas en Japón.

Cartel anunciando nuestro tren

Nuestro tren salía a las 10:33h y en Japón la puntualidad es exacta y como te descuides un poco, el tren se ha ido. Son trenes muy modernos y veloces y por dentro muy espaciosos y cómodos. No recuerdo el tiempo exacto de trayecto, pero sobre las dos horas. Bastante poco para la distancia que hay.

Interior de un tren bala japonés

Un rato antes de las 13:00h estábamos ya en Kyoto. La estación no caía excesivamente lejos de nuestro hostal, pero si lo suficiente para optar por coger el metro. Fueron 2 ó 3 paradas y ya llegamos justo al lado de donde nos alojábamos. Al entrar al hostal (interior del edificio propiamente japonés) vimos que no había nadie en recepción, pero había un cartel diciendo que si no había nadie que entráramos y esperáramos. Eso fue lo que hicimos. Entramos a la sala común donde estaban la televisión, ordenadores, etc. Todo esto abierto y sin nadie… Es Japón, no sé qué pasaría con algo así en algunos países de Europa. Vimos que allí había en el suelo varias maletas y decidimos dejar las nuestras allí también y salir fuera, porque parece ser que la recepción la abrían un rato después, por lo que ahí no pintábamos nada. 

Calle cerca de nuestro hostal

Los primeros momentos andando por Kyoto fueron suficientes para ver que era muy diferente a Tokyo. Era como si se hubiera retrasado 100 años el tiempo. Ciudades con características muy distintas. Kyoto es una ciudad mucho más tranquila y tradicional. De hecho una de las primeras cosas que hicimos fue buscar el típico convini que por Tokyo lo hay en cualquier calle, y allí nos resultó imposible al principio. No encontramos nada para comprar agua o algo de comida, que ya iba siendo hora. Tras andar un poco por los aledaños del hostal, nos topamos con el templo Kennin-ji, que aparece en la fotografía.

Templo Kennin-Ji

Al cabo de un rato que ya más o menos era hora de que estuviera abierta la recepción del hostal, nos volvimos. De camino por fin encontramos un sitio para comprar comida: un supermercado bastante grande. Resulta que estaba muy cerca del hostal, por lo que no fue la primera vez que entramos durante nuestros tres días en Kyoto. Aprovechamos que el hostal tenía una buena cocina equipada (lo habíamos visto nada más llegar) y decidimos comprar algo para comerlo allí.

Después de comer nos pusimos en marcha para conocer más a fondo la ciudad. Había que aprovechar la tarde antes de que se hiciera de noche. Cerca del hostal teníamos varios sitios apuntados para visitar, sin necesidad de hacer uso de transporte público. Tiramos por la calle Shijo Dori, que es una de las principales de Kyoto. Es una calle larga, que pasa por uno de los principales puentes que podemos decir une las dos partes de Kyoto, atravesando el río. Esta calle estaba llena de restaurantes y tiendas turísticas por todas partes. Al final de esta calle nos encontramos con la puerta de entrada al santuario Yasaka Jinja, que está dentro de una especie de parque ajardinado lleno de cerezos japoneses, muy bonitos para verlos en su época, que evidentemente no era cuando fuimos nosotros, en verano, sino unos meses antes. 

Puerta de entrada al santuario Yasaka Jinja
Farolillos típicos dentro del santuario

Siguiendo por tanto por este paseo, llegamos al templo Chion-in. En este ya no pudimos entrar, lo cogimos tarde y estaba cerrado. Es algo usual en Japón: los templos, santuarios y similares, cierran muy pronto aun siendo verano y con muchas horas de sol por delante.

Templo Chion-in

De vuelta más o menos a lo que es el centro de la ciudad, la zona de Gion y donde estaba nuestro hostal, pasamos por calles curiosas y no tan turísticas. Una cosa que nos llamó la atención fue ver los Rickshaw (que en Japón los llaman “jinrikisha”, coche a fuerza humana), que son carros remolcados por una persona, como se puede ver en la fotografía. En Kyoto es bastante usual verlos, especialmente en zonas puntuales como los templos y áreas turísticas.

Rickshaw en Kyoto
Andando por Kyoto
Calles de Kyoto

Cruzando el río hacia la parte oeste de la ciudad, se puede decir que es donde está la parte más moderna de Kyoto. Aquí es donde hay grandes centros comerciales, restaurantes y grandes edificios. Nos encontramos con un gran mercado que se llama Teramachi. Es una calle doble larguísima de más de 600 metros techada con infinidad de tiendas de todo tipo: ropa, artículos de cocina, tiendas de electrónica, librerías, restaurantes… Aquí encuentras de todo y puedes pasar una tarde entera y aún no lo has visto entero.  Muchas tiendas, sobre todo los restaurantes, estaban cerrando ya. Cierran muy pronto. Pero pasamos por una tienda de comida rápida y compramos unos takoyakis, que son unas bolas hechas básicamente de harina de trigo y pulpo, y en la propia tienda tenían un montón de salsas para que uno mismo se echara lo que quisiera.

Galerías Teramachi
Takoyaki

Ese día una de las cosas que más hicimos sin duda fue comprar agua o refrescos japoneses en las numerosas máquinas expendedoras que hay por todas partes en Japón. Fue uno de los días de más calor y humedad de todos. Por cierto, no es cara la bebida en Japón, aunque sí puede variar mucho de una máquina a otra, estando a pocos metros (contaré una anécdota en referencia a los precios de las máquinas que vimos en Kyoto, en próximos artículos)

Una de las numerosas máquinas expendedoras por la calle


No hicimos mucho más ese día. Entramos en un 7-Eleven a comprar un poco de comida para cenar y poco después nos volvimos para el hostal. El día siguiente, aprovechando desde por la mañana temprano, dio mucho más de sí.  

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