martes, diciembre 23, 2014

Interrail 2014 - día 7: Copenhague

Con Hamburgo pusimos fin a nuestra estancia de 3 días en Alemania. La última mañana en Hamburgo nos levantamos temprano, pues teníamos que coger el tren de las 7:25h, planeado el día anterior ya que la oferta de trenes para Copenhague desde Hamburgo no es abundante y tarda casi 5 horas, al tener que cruzar el mar Báltico. Por tanto salimos con tiempo del hostal y esta vez no usamos metro, estábamos a poco más de 10 minutos andando de la estación.

Trayecto Hamburgo-Copenhague

El trayecto

Teníamos la duda de cómo cruzaríamos el mar dirección a Copenhague, porque aunque hay un puente que une la Dinamarca “continental” con la isla donde se encuentra Copenhague, ésta no es una ruta corta. Descubrimos cuál sería nuestra forma de entrada en Dinamarca al poco rato: en ferry. Una vez llegamos a la pequeña isla de Fehmarn, norte de Alemania, el tren paró y al poco tiempo muy lentamente fue entrando en las vías del ferry. La ruta del ferry era de la costa de Puttgarden (Alemania) a Rodby (Dinamarca). Impresionante el tamaño del ferry que no sólo albergaba nuestro tren (de considerable tamaño por cierto), sino que dentro había todo tipo de vehículos atravesando el estrecho, desde coches o motos hasta autobuses y camiones de gran tonelaje. No sabemos el precio de este viaje ya que con el billete de Inter-Rail era gratis, pero no tiene que ser para nada barato.

Dejando atrás Alemania
Tren dentro del ferry


La distancia que hicimos en ferry hasta llegar a Dinamarca era de 20km, pero evidentemente fue el tramo que más ralentizó el viaje. Nos hicieron salir del tren obligatoriamente y subir al ferry, donde había varios restaurantes, supermercados, tiendas de cambio de divisa y un sinfín de tiendas, haciendo un centro comercial del propio barco. Estuvimos dando una vuelta por las primeras plantas y después subimos a la azotea, donde veíamos cómo dejábamos atrás tierra y aún difícilmente se divisaba Dinamarca a lo lejos.

Interior del ferry
Autobuses y camiones dentro del ferry

En el ferry estuvimos aproximadamente una hora cuando entramos nuevamente en el tren y ya entramos en Dinamarca, en su isla más al sur, Lolandia, (Dinamarca está formada por más de 400 islas). A partir de aquí el viaje se pasó muy rápido y en poco más de una hora ya estábamos en Copenhague.

Llegada a Copenhague

La estación estaba justo enfrente del Tívoli, un parque de atracciones muy famoso en Dinamarca, y al lado de la plaza del Ayuntamiento. Lo primero que hicimos fue ir al hostal a dejar las cosas. Fuimos andando, aproximadamente 20 minutos desde la estación. Esta ciudad nos sorprendió mucho, una de las más bonitas que vimos durante el viaje, y ya nada más llegar vimos un gran cambio respecto a otros países europeos. Copenhague es una ciudad perfectamente adaptada para el ciclista, que resulta extraño para un español estar parado en un paso de cebras y ver pasar una hilera de gente en su bicicleta yendo al trabajo o a sus casas, cosa que aquí sería igual pero viendo coches. Es una ciudad con muchos parques y zonas verdes por todas partes y además es fácil encontrarte recintos deportivos como pistas de fútbol o baloncesto abiertas a cualquiera y en unas condiciones perfectas.

Pistas deportivas por la calle
Parque de camino al hostal


Billetes daneses
Antes de entrar al hostal y pagar la parte que pagamos a la llegada, entramos en una casa de cambio de divisa que estaba al lado. Fue la primera vez que cambiamos moneda durante el viaje y no sería la última. Dinamarca utiliza Coronas Danesas. Más o menos 1€ son 9 Coronas. Una vez teníamos dinero danés pagamos el alojamiento y dejamos las cosas en la habitación. La anécdota fue que en el hostal había dos ciudadanos de Rumanía y al preguntarnos de qué zona de España éramos, nos dijeron que ellos conocían Extremadura y concretamente Almendralejo, donde habían estado viviendo y trabajando.  

Ya era hora de comer y salimos a buscar algún sitio por una plaza cercana al hostal. Copenhague es una ciudad cara si la comparamos con cualquiera de las anteriores del viaje. Entramos en un mercado donde vendían comida de todo tipo y algunas tiendas vendían platos o muestras de comida. En una de las tiendas vendían pescado y el dependiente nos ofreció unas bolas de pescado que según nos dijo eran de Groenlandia. Concretamente su nombre en danés era Fiskefrikadeller, y es muy típico allí. Nos lo dejó a buen precio ya que le compramos varios, y fue sobre unos 2€ la pieza. Al lado había un Fish and Chips y terminamos comiendo allí. Fue caro (sobre 9,5€) y la calidad y cantidad nada que ver con la que hemos comido en otros viajes por Irlanda o Reino Unido, de donde es típico y originaria esta comida.

Tienda española en el mercado

Bola de pescado de Groenlandia
Fish and Chips

Después de comer y con toda la tarde por delante, nos dispusimos a conocer más de lleno la ciudad y sus atractivos turísticos. Había tiempo pero muchas cosas por ver. La ciudad se veía muy movida de gente, cierto es que el día estaba fabuloso con calor y sol, algo que no acostumbran mucho a tener por allí y por ello había mucha gente en los parques y en las terrazas. Es una ciudad muy accesible a pie, todo está más o menos cerca, pero aún así fue uno de los días que más andamos ya que alguna cosa sí que cae más alejado. Pero no es necesario hacer uso de transporte público.

Uno de las muchas zonas para aparcar bicis

Teníamos más o menos planificada una ruta para optimizar lo máximo posible las distancias. Tiramos por una calle cerca del hostal muy transcurrida de gente, donde vimos la catedral de Copenhague y la iglesia St Petri, enfrente una de la otra y justo al lado una bonita plaza con restaurantes y mucha gente y una fuente llamada Gammeltorv en medio. De aquí bajamos a la plaza del Ayuntamiento, que habíamos pasado de largo por la mañana. Esta plaza está cerca del Palacio del Primer Ministro, que está en una pequeña isla de las varias que tiene la ciudad, por donde rodea un canal lleno de pequeñas embarcaciones. Fuimos bordeando el canal principal que separa las dos partes principales de la ciudad, donde estaba la biblioteca pública. Un edificio muy moderno y enfrente una serie de calles sin asfalto donde la única forma de acceder es por el agua.

Plaza Gammeltorv
Palacio del Primer Ministro
Uno de los muchos canales

Una vez rodeamos la isla anterior por completo, vimos una torre de una iglesia que resultó ser la iglesia de St Nikolaj, que estaba justo al lado de una de las principales calles de Copenhague, llena de tiendas y mucha afluencia de gente. De esta calle acabamos en la zona del puerto, donde hay una plaza circular donde suele haber actuaciones, pista de esquí en invierno y demás. Estaba en obras en esos momentos. Al lado está una de las calles más famosas y conocidas de Copenhague, donde están las “casas de colores”. Esta zona es conocida como Nyhavn, llena de bares y restaurantes a lo largo del canal.

Iglesia St Nikolaj


Nyhavn, casas de colores famosas

Al final del canal y siguiendo hacia el norte, vimos un edificio muy moderno y curioso, parecía un teatro o algo parecido. Estaba al lado del canal principal, por donde seguimos caminando en línea recta pasando por un sinfín de embarcaciones que estaban en puerto y un pequeño paseo, hasta llegar al Palacio de Amalienborg, residencia de la familia real danesa. Son 4 edificios iguales y alineados formando una gran plaza circular en el medio. Justo en medio pasa una calle transversal que desemboca en la catedral de Mármol, visible desde el centro de la plaza. Es un edificio con la cúspide redondeada.

Palacio Real


Iglesia de Mármol

Siguiendo el camino junto al agua, llegamos hasta un parque grande y bonito y que además tiene mucha historia. El parque Kastellet. Es un parque pentagonal, dentro del cual hay una serie de edificaciones amuralladas y fortificaciones en una estupenda conservación. Actualmente es un monumento cultural histórico, que da cabida a un área militar en funcionamiento. Pero además de esto, es un parque de uso público con grandes zonas verdes, pequeños canales que atraviesan la zona y estupendamente adaptado para pasear o hacer deporte allí dentro.

Parque Kastellet

Fortificación en la entrada del parque

Es justo debajo de este parque donde está el emblema no sólo de Copenhague, sino de Dinamarca. La estatua de la Sirenita. Es el punto más visitado de la ciudad y una de las estatuas más fotografiadas del mundo. Esta escultura está realizada de bronce y es de un tamaño muy pequeño, poco más de un metro. Cuando ves la estatua te quedas un poco sorprendido de ver que sea tan famosa y visitada, cuando el monumento en sí no es nada del otro mundo. Pero es de mucha importancia para Dinamarca, es un emblema. De hecho en la Exposición Universal de Shanghái la llevaron como símbolo y emblema del país. Fue realizada por el hijo del fundador de la empresa cervecera Carlsberg, famosa internacionalmente hoy en día, hace 101 años.

Estatua de la Sirenita

Pero sin duda lo que más nos sorprendió de la ciudad fue la zona de la Ciudad Libre de Christiania. Es un espacio que está dentro de una isla en el centro-este de Copenhague. Es un lugar singular y curioso, donde viven unas 850 personas en lo que es sencillamente una “ciudad independiente” de Copenhague y de Dinamarca. Es un asentamiento sobre un antiguo terreno militar abandonado que empezó a surgir en la década de 1970. Al entrar en esta zona pasas por un arco donde aparece escrito el nombre de "Christiania” y a la salida “Estás entrando en la UE”. Hay un pacto no escrito entre el gobierno danés y los habitantes de esta “ciudad” en el que éstos aquí pueden hacer lo que quieran, siempre que no hagan daño a nadie. Es conocido este lugar por el consumo y cultivo de diferentes tipos de drogas. Al entrar aquí puede parecer inseguro, pero para nada lo es. De hecho esta gente vive gracias a los turistas o gente de Copenhague que entran en su territorio, donde hay tiendas de cosas fabricadas a mano, algún bar, etc. Todo ese dinero sirve para autofinanciarse sin necesitar del exterior.

Bar en Christiania
Puestos


Resulta muy curioso ir andando por aquí y encontrarte una mesa típica campera, con diferentes tipos de drogas puesto sobre ella en bolsas, simplemente para venderlo como el que vende fruta en el mercado. En este territorio que tienen sus propias normas, en un cartel ponía que estaba prohibido pegar y hacer fotografías. El resto, siempre que no hagas daño a nadie, está permitido. Aunque te encontrabas cosas raras como bidones de chapa con fuego por las calles, edificios algunos en mal estado y que parece difícil la vida allí en invierno sobre todo con los ventanales rotos, muebles por la calle, etc. Tampoco se percibía inseguridad en el ambiente.

Al salir de aquí ya y con todo lo que habíamos andado durante el día, decidimos volver para la zona cercana al hostal y cenar por allí. Acabamos cenando en una pizzería al lado de la zona de Nyhavn y que no resultó caro para lo que había por Copenhague.

Nuestra cena de ese día


Justo al acabar de cenar y teniendo en cuenta el espléndido día que hizo en todo momento, empezó a llover. Ya de noche y viendo la que estaba cayendo, como pudimos llegamos al hostal, donde estuvimos un rato en la zona común, bastante desierta, y al poco nos fuimos a dormir. El siguiente día un nuevo país: Suecia.

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